lunes, 30 de noviembre de 2009

Hablando de Sitel y tal

Milio Mariño
Poco a poco, y sin que apenas nos diéramos cuenta, el Estado ha llegado a saberlo todo de nosotros.Sabe cuanto ganamos, cuanto gastamos, si tenemos casa, si tenemos coche, nuestro estado civil, nuestro domicilio,cuál es nuestro historial médico, cuantos hijos tenemos,cuanto debemos, cuanto tenemos en el banco, si trabajamos, si estamos en el paro, si tenemos un plan de pensiones...Lo sabe prácticamente todo sin necesidad de apelar a procedimientos sofisticados que valen una millonada. Lo sabe porque nosotros se lo decimos, pero como, al parecer, quería saber más, Aznar compró Sitel, según dice ahora el PP, para no usarlo.
El PSOE, que se lo encontró instalado, viene a decir lo mismo. Dice que no lo usa, que se lo ha alquilado a los jueces y la policía para facilitarles su trabajo.
Apabulla lo que saben de nosotros. Y apabulla todavía más que no se conformen con eso, que quieran saber dónde estamos, que decimos, con quién hablamos...
Lo curioso del caso es que la mayoría de la gente apenas le da importancia. Dice alegremente aquello de que si no tienes nada que ocultar...Si eres inocente...Qué más te da, allá ellos, que escuchen lo que les apetezca.
La ingenuidad de este comentario solo es comparable, en estupidez, con aquella del policiía que le gritaba al que estaba aporreado en el suelo: Si no tenías nada que temer; ¿ Por qué corrías ?
La defensa de nuestra privacidad no es un capricho elitista, o una extravagancia; es fundamental. Imprescindible para protegernos del abuso de unas autoridades que siempre son inquisitivas y si por ellas fuera ningún aspecto de nuestra existencia quedaría a salvo de sus ojos y sus oídos.
El ejemplo más evidente lo estamos viendo con este embrollo de Sitel, un sistema automatizado que permite, bajo orden judicial,la recogida de cualquier conversación o mensaje. Su lelgalidad ha sido avalada por varias Sentencias del Tribunal Supremo, en alguna de las cuales se dice, expresamente, que es más garantista que los métodos anteriores pero, aún así, debería estar regulado.Debería haberse regulado hace tiempo, cuando se compró, lo que pasa que cada cual se acuerda de Santa Bárbara cuando truena.
Al PP, que lo gestionó durante cuatro años, no le importó que Sitel pudiera irrumpir en nuestras vidas y coartar nuestra intimidad hasta que varios de sus dirigentes políticos no aparecieron relacionados con la trama Gürtell. Entonces si, entonces lo denunció pero el objetivo de su denuncia no era proteger nuestra privacidad, el objetivo de su denuncia es conseguir la anulación de las pruebas que, contra sus dirigentes, tienen los jueces.
Esta especie de cruzada que el PP ha emprendido, ahora, en favor de nuestra privacidad dudo que se hubiera producido si los periódicos no hubieran publicado aquellas conversaciones del Bigotes con sus amiguitos del alma. Así que seamos claros, dejen de tratarnos no ya como a idiotas en potencia sino como a verdaderos imbéciles. Ni a unos ni a otros, ni al PP ni al PSOE, les importa nuestra privacidad, les importa la suya. La de sus dirigentes.
Cuesta entender esta sumisión, casi generalizada, a qué sepan todo de nosotros. La pregunta que se me ocurre, la que no entiendo por qué no nos hacemos es:¿Y, para qué quieren las autoridades saber de nosotros más de lo que ya saben? Porque será para algo, supongo. Para algo que, o mucho me equivoco, no creo que sea para facilitarnos las cosas o felicitarnos por nuestro cumpleaños.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Disparates varios

MILIO MARIÑO

A estas alturas sigo teniendo no sé si la buena, o mala, costumbre de hacerme preguntas sobre algunas de las noticias que leo a diario. El resultado no es alentador pues en algunos casos cuestiono que sean verdad y en otros me parecen un disparate. Intuyo que la lógica que utilizo ha debido quedar anticuada, aunque también puede ser que cada vez me resulte más difícil distinguir lo real de lo no real y lo lógico de lo disparatado.
Esta semana, por ejemplo, me ha parecido un disparate que Zapatero y Rajoy se pongan de acuerdo para elegir un nuevo presidente de TVE que tiene 81 años y confiesa que no sabe nada de televisión. También me han parecido disparates que Berlusconi reforme las leyes para evitar ser juzgado, que Camps diga que los socialistas quieren verlo fusilado y en una cuneta y que la Junta de Extremadura, en su afán por enseñar a los jóvenes, haya decidido enseñarles manualidades que no tienen aplicación en el ámbito presional sino, solo, en cuanto a una satisfación personal que casi todos aprendimos de forma autodidacta.
El caso que junto a esos disparates aparecían en los periódicos otras noticias, también disparatadas pero que, a diferencia de las anteriores, querían indicar que hay gente que puede vivir sin muchas cosas, pero no sin lógica. Me refiero al suicidio de esos tres deportistas, todos ellos jóvenes y todos, a mi juicio, por cuestionarse la lógica de sus vidas.
Desde mi punto de vista el suicidio es un disparate por mucho que sea una forma más de morir y que, según la definición que considero más acertada, consista en matarse a uno mismo impidiendo, con violencia, el cumplimiento de su destino.
La diferencia entre lo disparatado de las decisiones que decíamos al principio y el disparate de por fin a la vida cuando apenas se han cumplido treinta años es, además de la fatal consecuencia, que en unos casos podemos interrogar por la causas y en los otros quedamos con la pregunta en los labios y un regusto amargo en el alma.
Dicen que la causa del suicio no es un arrebato de locura, que una cordura bien llevada también puede conducirnos a él. Qué, cuando se ha perdido el sentido lógico de la vida ( situelo cada cual donde quiera ) no es locura la decisión de acabar con ella sino todo lo contrario.
Pues no se yo. El año pasado se suicidaron en España 6.381 personas y, a mi, por más que me digan que pudieron ser actos de cordura, me parecen otros tantos disparates.
La coincidencia entre suicidarse como lo han hecho Robert Enke, Agustín Sagasti y Dimitri Fauw, y hacer una tontería como las que atribuyo a Zapatero, Rajoy, Camps y la Junta de Extremadura, es la inexplicabilidad de la causa pues si en unos casos no parece que pueda atribuirse a sus protagonistas dificultades económicas o desarraigo social, en los otros tampoco cabe suponer que fuera por ignorancia. Tal vez sea porque, al decir de los filósofos, los disparates son delirios subversivos, urgentes y subterráneos que pueden con todo. Con lo trivial, lo elevado, lo contradictorio y hasta con lo que uno pretendía decir y no sabe si queda dicho.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Piratería Política

MILIO MARIÑO

A pesar de los antecedentes pensaba yo que esta vez no sería igual. Que, aún, contando con qué viene de largo que el PP utilice como estrategía que el Gobierno todo lo hace mal, había que ser muy ruín, moral y políticamente, para utilizar el secuestro del Alakrana y sacar rédito político de un drama que nos está sobrecogiendo a todos.
La realidad es otra. Es una fantasía delirante de obsesiones odios y rencores que el principal partido de la oposición lleva siempre en los labios y no pierde ocasión de manifestar como quién se sirve de una descarga eléctrica que le motiva y le da fuerza.
El Partido Popular, que ya habia utilizado el terrerorismo y no le duelen prendas a la hora de cuestionar a las instituciones del Estado y enfangarlo todo pensando que así saca provecho y cosecha votos, ha decidido dar, si cabe, otra vuelta de tuerca y jugar, ahora, la más indigna de todas las bazas: capitalizar politicamente la legitima preocupación de las familias de los marineros secuestrados y servirse de sus sentimientos para fustigar al Gobierno.
La falta de respuestas, de responsabilidad y de liderazgo ante las banderías, los caudillismos, la corrupción y los problemas internos, lejos de afrontarlos con la reflexión y el rigor que deberían imponer la sensatez y el buen hacer democrático, los ha resuelto el PP con un carpetazo a medias y acudiendo, para taparlo, a lanzar un nuevo torpedo contra esa linea infranqueable que debería ser la lealtad al Gobierno en temas de Estado. En temas que deberían encontrar un consenso claro, crítico si se quiere - como en el caso de Lamazares- pero consenso de apoyo ante un adversario exterior que está ejerciendo un chantaje mafioso.
El hecho de que la situación de los marineros sea cada vez más dramática no justifica, sino todo lo contrario que, una vez si y otra también, se ponga al Gobierno en la picota por este caso. Aprovecharse de la angustia de las familias, y de la incertidumbre ciudadana, es un acto de piratería política. Es contribuir a que los piratas incrementen la presión que ejercen sobre el Gobierno español a través de un chantaje inaceptable.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Galácticos de la democracia

Esta semana pasada, influido seguramente por dos noticias de impacto que nada tenían que ver: el fallecimiento de Fernández Campo y la derrota del Madrid, se mezclaron en mi cabeza el fútbol y la política. El resultado fue que me puse a escribir y, cuando quise darme cuenta, la confusión era tal que me había llevado a enfocar el tema como si se tratara de una crónica deportiva de esas que suelen escribirse los lunes después de una jornada de liga. No sé si haría bien, pero así lo dejé.
Comenzaba diciendo que ya solo nos queda uno de aquellos tres asturianos: Torcuato, Sabino y Carrillo, que nacieron hace más de noventa años y formaron la mejor delantera democrática que se recuerda; la que tanto necesitabamos y la que, a la postre, nos sacó de la dictadura para meternos por la puerta grande en la liga de las libertades.
Los tres; Torcuato, Sabino y Carrillo, destacaban por tener una gran visión y dominio del juego. Había que ver como se movían y se desmarcaban del resto. Como resolvían las situaciones comprometidas con la eficacia del que sabe muy bien a que juega. Seguro que los más mayores recordarán aquellos memorables encuentros en los que Torcuato goleaba a los procuradores en Cortes, Sabino nos salvaba de penalty y Carrillo se abrazabab a la bandera después de meterles un gol decisivo a los prosoviéticos.
Aquellos eran jugadores y no estos de ahora que viven pendientes de las cámaras y los focos y de vender humo por un puñado de votos, cuando no de tirarse en el área, simulando que les han hecho falta para justificar su impotencia.
Dirán que aquellos delanteros brillaron porque funcionaba todo el equipo pero yo tengo mis dudas. Si quitamos a Torcuato, Sabino y Carrillo se salvanmuy pocos, la calidad baja mucho. No se salva casi ni el portero; que fue ganando prestigio y ahora dicen de él que era un fenómeno, que sus intervenciones resultaron decisivas pero que, por aquel entonces, dudaba más de la cuenta y tuvo salidas en falso que no fueron gol de milagro.
Lo mismo puede decirse de otros titulares indiscutibles, pues hubo partidos en los que no quedó nada claro si defendian, atacaban o dejaban hacer al contrario.
Es normal que ahora se olviden los titubeos y las malas jugadas y todos se apunten al éxito. Pero el mérito fue de los galácticos. De aquellos tres fenomenos: Torcuato, Sabino y Carrillo; extremo derecha, delantero centro y extremo izquierda, que marcaron la diferencia.
En el fútbol hay una ley no escrita según la cual lo que pasa en el vestuario no debe trascender de puertas afuera, por eso que no sabremos nunca el alcance y el significado de esa famosa frase que atribuyen al portero :¡ Mira que si te has equivocado, Sabino !
Sabino no se equivocó y, los que con él formaron aquella delantera de galácticos de la democracia tampoco. Así es que hoy podemos presumir de lo fenomenal que jugaron y de que, los tres, son asturianos.

viernes, 30 de octubre de 2009

El elogio del sinvergüenza

El elogio del sinvergüenza no es como ese otro que hay en Gijón, no tiene horizonte ni se levanta en un cerro esculpido por la mano de un artista; es de palabra y campa a sus anchas por toda la geografía patria. Es, sigue siendo, monumental a pesar del asombro que causan las evidencias pues, mientras en el Congreso debatían sobre los Presupuestos, la policía tomaba al asalto un Ayuntamiento, El Ejido, donde otro sirvengüenza, hasta ahora desconocido, ha estafado, presuntamente, 150 millones por el procedimiento de poner baldosas a 3.000 euros.
Menuda racha; vaya si tienen tajo los fiscales, jueces y policías: Gürtel en medio país, Millet en Barcelona, Matas en Mallorca, Marbella, El Ejido, Santa Coloma y a saber cuantos más.
Viendo el panorama la tentación podría ser despacharnos a voz en grito y decir que ya está bien de sinvergüenzas pero, sin que me proponga llevarles la contraria, solicito una mirada más amplia y reflexión en toda regla sobre si esos políticos, y cargos públicos, que señalamos con el dedo, son una especie en si mismos o forman parte de un país, el nuestro, cuya población no imputada merecería estarlo en no pocos casos.
Tendríamos que cambiar mucho para que, lo que está sucediendo, fuera la excepción. Para que dejáramos de ser diferentes por algo que nos diferencia a peor.
Mientras criticamos que nos suban los impuestos seguimos presumiendo de saber hacer trampas para pagar menos. Seguimos aplaudiendo a quien dice que defrauda a Hacienda y lo felicitamos por listo. Y no solo eso también cuentan con nuestro aplauso los que se cuelan en el cine o el autobús, roban en las tiendas y hacen trampas para ver gratis la televisión de pago.
No me olvido de los que nunca exigen factura al fontanero, al dentista, al que hace la chapuza, ni a nadie que les diga si quieren ahorrarse el importe del IVA.
No, no crean que solo va de reproches ajenos, yo mismo, a qué negarlo, he incurrido alguna vez en alguna de las conductas que ahora denuncio. Podría decir lo contrario, el papel puede con todo, pero sería tanto como faltarles al respeto y faltarmelo a mi mismo.
La lista de denuncias, o de reproches, llamenlo como quieran, podría ser mucho más amplia. Podría incluir a quienes pasean al perro y vuelven a casa dejando su mierda en la acera, se quejan de lo que valen los pisos y pagan una millonada en negro, o se presentan en la escuela y ponen de chupa domine al maestro que castigó a su hijo. También incluyo a esos Ayuntamientos, no pocos, que para aprovechar el plan E del Gobierno vuelven a pavimentar una acera que habían pavimentado hace poco, a los caseros que suben la renta aprovechando la subvención de los alquiles o a los concesionarios de coches que hacen trampa con las ayudas.
Para la mayoría el sirvengüenza sigue siendo el listo y el honrado el tonto. Es lo que hay, de ahí que siga vigente aquella famosa frase de que aquí el que no se aprovecha es porque no puede.
Mientras esa frase funcione de boca en boca y los sinvergüenzas sigan siendo elogiados por sus "hazañas", servira de poco, o de nada, que los fiscales, los jueces y la policía trabajen a destajo contra la corrupción y la estafa.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Educación para la ciudadanía maleducada, de derechas

Si nos atenemos a lo sucedido estos últimos años, el Día Nacional de España debería incluir en su programa de actos un apartado dedicado al abucheo y los silbidos contra el Presidente de Gobierno, cuando éste sea de izquierdas. Sería lo más apropiado porque anda que no habará días para darle un repaso sonoro a quién sea el que gobierne, pero los maleducados, de derechas, no ven ocasión mejor para expresar su descontento que alterar la atmósfera de civismo y democracia que requiere la Fiesta Nacional y la unión de un pueblo en torno a sus símbolos, su ejército y su bandera.
Lo peor de todo es que, quienes acostumbran a dar el cante en fecha tan señalada, lo hacen presumiendo de ser más patriotas y más españoles que nadie. Patriotas de pacotilla, claro está, porque confunden la educación, el respeto y las buenas maneras con la nostalgia por lo vivido en otras épocas, de modo que cuando oyen una corneta vuelven al mando en plaza y se olvidan de que vivimos en democracia.
Así estamos, treinta años después de aquel ruido de sables. Y lo cierto es que algunos, bastantes, disfrutaron con el espectáculo. Se rieron para sus adentros, o incluso para sus afueras, y lo pasaron que no les cabía la ropa en el cuerpo viendo como, desde detrás mismo de la tribuna de personalidades, se abucheaba al Presidente y se aplaudía a la cabra. Animal que no digo que no lo merezca pero que seguramente recibió los aplausos por esa afición suya, compartida por los que aplaudían, de tirarse al monte a las primeras de cambio.

Habrán entendido supongo, y si no es así lo aclaro, que cuando me refiero a los maleducados de derechas antepongo la conducta a la ideología. Los maleducados constituyen, por si mismos, una caterva sin siglas que puede arruinar el buen nombre de partido político, asociación o lo que sea a lo que se arrimen. Y como quiera que, en este caso, se arrimaron a la derecha, opino que no le hicieron ningún favor sino todo lo contrario.
Con los maleducados, vengan de donde vengan, hay que tener cuidado. Decía Thomas de Quincey que el asesinato o el robo, en si mismos, son una menudencia comparado con el proceso que desencadenan, pues si alguién es capaz de robar seguramente que también beberá en exceso, dejará de acudir a la iglesia y llegará a un punto sin retorno, y sin enmienda, en el que ya nada le infunda respeto, pierda los modales, olvide las buenas maneras y no le importe hurgarse la nariz, sober la sopa o rascarse, públicamente, la entrepierna.
Asombra por su vigencia la sabia apreciación del escritor británico. Tiene más razón que un santo. Y la prueba que lo confirma es el espectáculo que están dando los que aparecen en el sumario de la trama Gürtel, una trama en la que figuran como implicados más de una docena de cargos públicos y políticos de derechas. Ya ven ustedes que diálogos, que cosas se dicen, que motes se ponen y como se tratan cuando creen que nadie los oye. Aúnque salieran todos absueltos, que no lo creo, deberían ser condenados por horteras y maleducados.
Dice Savater, y estoy de acuerdo, que nacemos humanos pero que, en realidad, no lo somos hasta que no nos educamos. Educación es lo que hace falta y, a lo mejor, no tanto en conocimientos, sino en relación con la vida, la democracia, las instituciones y el respeto a los ciudadanos.

lunes, 12 de octubre de 2009

Del Cantábrico al mar malo de Somalia

Hasta hace poco era de los que pensaban que la piratería había sido confinada a los antiguos buenos relatos y las modernas malas películas. Me parecía imposible que la calavera volviera a hondear en el mástil, pero debe ser cierto eso de que todo vuelve porque el mar malo de Somalía es ahora lo que fue, hace quinientos años, nuestro Cantábrico; un mar sin ley lleno de piratas que asaltan, al abordaje, a los barcos que navegan con sus tesoros de pesca como antaño navegaban los que venían de las Américas cargados, según las crónicas, de cochinilla, azucares, cueros, mercancías y hasta siete millones en pesos de oro.
Aquí, frente a la costa del Cabo Peñas, fue donde Pedro Menéndez, comisionado por Felipe II para luchar contra la Piratería, avistó y dio caza a Fraçois Le Clerc, el famoso Pata Palo, que con su bergantín Claude andaba al acecho de todo lo que venía de América. Eran otros tiempos, claro está, pero la situación, aunque parezca distinta, viene a ser parecida. Cunde la alarma porque la flota de Su Majestad está siendo acosada por unos piratas que la asaltan en alta mar.
No se me ocurrirá discutir, ni poner siquiera en cuestión, la ayuda que el Gobierno debe prestar al atunero vasco asaltado y secuestrado frente a las costas de Somalia. El Gobierno tiene la obligación de hacer todo lo que esté en su mano para solucionar el problema de la manera más satisfactoria posible. Sobre todo por que respecta a la vida y la integridad física de unos marineros que se limitaban a trabajar allí donde su patrón les llevaba. Que era dónde había mejor pesca, simplemente, porque otros no se atrevían a ir dado que el riesgo es mayor y la zona no está protegida.
La liberación, y el retorno de los marineros, no se discute, pero si convendría discutir lo que algunos están pidiendo: qué los pesqueros tengan escolta naval o, lo que a mi juicio sería aún peor, que incluyan en su tripulación a soldados, o guardias de seguridad, que disuadan a los piratas de lanzarse al abordaje.
La mejor prevención, en éstos y otros secuestros, sería que los armadores midieran adecuadamente el riesgo y no se empeñaran en faenar en lugares especialmente peligrosos. Esa es la solución porque enviar a nuestra Flota Naval a Somalia o enrolar a soldados como marineros me parece un disparate por inviable e injusto. Y no me refiero, solo, a lo que costaría la operación sino a que, por la misma razón, tendríamos que mandar al Ejército para proteger a un empresario que se empeñara en construir tres bloques de pisos en la zona caliente de el Congo.
El problema no se resuelve utilizando las Fuerzas Armadas para que protejan a las empresas que decidan trabajar allí donde haya intereses económicos, aún a pesar de que el país esté sumido en un conflicto. Si actuáramos así no se yo lo que nos diferenciaría de esos piratas que tanto criticamos. De hecho somos nosotros, los buenos de la película, quienes navegamos sabe dios cuantas millas para ir a sus mares a robarles la pesca.
Vamos a lo nuestro, a pescar buenos atunes para venderlos a buen precio, pero también podríamos ir, incluso con nuestro Ejército, para ayudarles a que terminen con una guerra que ya dura décadas, alcancen la democracia y salgan de la pobreza. A lo mejor así se les acababa el chollo a los piratas y los atuneros pescaban sin sobresaltos.