lunes, 19 de diciembre de 2011

Música de otros tiempos

Milio Mariño

El viernes pasado abrí el ordenador con desgana y salió este anuncio: Juegue al chinchón on line y gane estupendos premios. Estuve por jugar, al final no lo hice porque soy un cagón. Tengo cuatro duros ahorrados y los coloqué, a plazo fijo, en un banco para que vivan a cuerpo de rey, como cualquier funcionario que ficha y a fin de mes pone el cazo. Me dan una miseria, pero el dinero tiene un empleo seguro. Y eso, para mí, cuenta mucho. Así que no puedo quejarme ni sentir envidia de los que amasan grandes fortunas y nos miran con esa sonrisa amable que los pobres nunca entendemos. Nosotros somos más de fruncir el ceño. Somos desconfiados, escépticos y amantes del piñón fijo. Si fuéramos audaces podríamos hacer grandes cosas.

Así es la vida. La vida es de los que se arriesgan y lo juegan todo a una carta. No como yo, que podría haber ganado una pasta jugando al chinchón on line y aquí me tienen. Cierto que también podía perder, pero como no me arriesgo, no juego, no compro ni vendo acciones, ni se de qué va la Bolsa, entiendo el reproche de que si no me hago rico es porque no quiero. No vale la disculpa de que los ahorros son cuatro duros. Con cuatro duros empezó Rockefeller y acabó millonario perdido.

Hay que arriesgarse, hay que mojar el culo y aceptar que por algo se empieza. Es lo que dice el presidente de la CEOE, que un salario de 400 euros no da para mucho, pero menos es nada. Demuestra que es un tipo brillante y con ideas innovadoras. Dice que trabajar tiene que ser como jugar al fútbol, que empiezas en Segunda regional, jugando gratis, y a la vuelta de dos o tres años, si vales, igual te ficha un equipo y puedes ganarte la vida. Así piensan muchos de sus colegas, empresarios que, al fin y al cabo, no tienen puestos de trabajo que ofrecer a los parados, pero bueno, si los sueldos se ponen a 400 euros y el esfuerzo supone ayudar al país, no les importaría arriesgarse y contratar a unos cuantos. Yo lo entiendo, el riesgo tiene que tener recompensa. De ahí que por los cuatro duros que tengo en el banco me den una miseria. No quiero arriesgarme, voy a lo seguro, y así es imposible que contribuya a paliar la crisis y aproveche las oportunidades. Que las hay, vaya que si las hay. Pero, en lugar de arriesgar invirtiendo o jugar al chinchón on line, ¿quieren saber lo que hice? Pues nada, cogí un disco de vinilo y me puse a escucharlo mientras llovía y ventaba como si alguien quisiera anunciarnos que vuelve el Diluvio.

El disco era «Animals», de «Pink Floyd», ése que en la carátula trae la foto de un cerdo volando sobre las chimeneas de una central termoeléctrica. Un gigantesco cerdo sobre un paisaje surrealista. Seguro que los de mi edad lo recuerdan. Buena música y unas canciones en las que Roger Waters, líder del grupo, hace suyo un cuento de Orwell y retrata, en forma de sátira, una sociedad en la que los cerdos representan a la clase dominante, los perros a los cuerpos represivos y las ovejas al ciudadano común. Está un poco rayado, pero nadie diría que es música de otro tiempo, que tiene 34 años.

Milio Mariño / La Nueva España / Artículo de Opinión

No hay comentarios: